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El corazón del deportista: hallazgos electrocardiográficos frecuentes

La actividad deportiva induce una serie de adaptaciones morfológicas y funcionales en el corazón humano directamente relacionadas con el tipo, duración e intensidad del entrenamiento, y con los años de práctica deportiva. Su expresión clínica depende de factores genéticos, metabólicos, humorales y, en gran medida, del tipo de entrenamiento.

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El corazón del deportista es una entidad médica que reúne muchos factores y signos clínicos que lo definen. En los deportistas que entrenan rigurosamente varias horas por semana con prácticas exigentes se produce una adaptación cardiovascular acorde a esta exigencia. En 1899 Henschen describe por primera vez en el hombre el corazón del deportista; introdujo por primera vez el término y describió, mediante percusión torácica, el aumento de tamaño cardíaco en esquiadores de fondo.

Infirió que ese aumento constituía un mecanismo fisiológico que permitía efectuar más trabajo durante un tiempo mayor. Las modificaciones morfológicas del corazón del deportista se manifiestan, en la mayoría de los casos, en individuos con alto nivel de entrenamiento. Esta condición se alcanza con estímulos de ejercicios de elevada intensidad, realizados en forma frecuente, de duración prolongada y con el empleo de tipos de esfuerzo que involucren amplias masas musculares. Es difícil encontrar dilatación de cavidades o hipertrofia de paredes miocárdicas en deportistas ocasionales o con bajos estímulos de entrenamiento.

Electrocardiograma de 12 derivaciones perteneciente a un atleta de carrera de larga distancia (32 años)
en el que se aprecian algunas de las características típicas del ECG del deportista: bradicardia sinusal,
 trastorno de la conducción intraventricular inespecífico (QRS mellado en V1), mayor voltaje del QRS,
 repolarización precoz, ondas T
altas y picudas en V3, V4 y V5.
 

En los ejercicios de resistencia se produce un aumento del volumen cardíaco, lo que lleva al aumento de las miofibrillas en serie con aumento del tamaño de la cavidad cardíaca y su espesor. Cabe destacar que no todos los deportistas sufren las mismas modificaciones ante similar nivel de entrenamiento, ya que tienen mucha importancia los factores genéticos de cada persona.

Los trastornos del ritmo y la frecuencia cardíaca son los hallazgos más comunes, y de ellos la bradicardia sinusal la alteración más habitual. Con frecuencia encontramos trastornos inespecíficos de la conducción intraventricular, pero los bloqueos fasciculares y tronculares son infrecuentes, siendo el incompleto de rama derecha el de mayor prevalencia.

Dado que los cambios morfológicos y funcionales pueden ser diferentes según el deporte que se practique, es necesario considerar el tipo y la intensidad del ejercicio físico involucrados en cada deporte.

Una clasificación de esta naturaleza puede desarrollarse de acuerdo con la actividad mecánica y los mecanismos fisiológicos de producción de energía. Con respecto al tipo de movimiento, pueden clasificarse en: 1) ejercicios dinámicos: generan cambios en la longitud del músculo y movimientos articulares causados por contracciones rítmicas. Desarrollan escasa tensión, por lo que fueron llamados isotónicos, y 2) ejercicios estáticos: hay incrementos en la tensión muscular con pocos cambios o ninguno en la longitud del músculo y el movimiento articular (isométricos).

En la mayor parte de los deportes están involucrados ambos tipos de esfuerzo con proporciones variables de uno u otro, según la actividad. La clasificación metabólica incluye el ejercicio aeróbico, cuya energía proviene de procesos oxidativos, y el ejercicio anaeróbico, con producción energética a partir de los fosfágenos o la glucólisis anaeróbica.

La obtención de energía por uno u otro metabolismo depende de la intensidad y la duración del ejercicio desarrollado. También aquí, la mayor parte de los deportes tienen formas mixtas de obtención de energía.

Las adaptaciones morfológicas del corazón, así como las modificaciones en la estimulación por el sistema nervioso autónomo, son diferentes frente a entrenamientos con ejercicios predominantemente dinámicos y aeróbicos que ante aquellos que presentan mayores componentes estáticos (fuerza) y anaeróbicos.

Estas adaptaciones sólo aparecen con aquellos deportes en los que predomina el ejercicio dinámico, y en los que el aporte de O2 a los músculos en activo se realiza fundamentalmente a partir del metabolismo aeróbico.

En el ejercicio con predominio de contracciones musculares de tipo dinámico y una demanda energética de tipo aeróbico (carrera de resistencia, natación, ciclismo, etc.) el sistema cardiovascular debe mantener un gasto cardíaco (GC) elevado durante un tiempo prolongado que va desde varios minutos hasta horas.

Es el entrenamiento continuado mediante este tipo de ejercicio de resistencia, el que induce unas adaptaciones morfológicas y funcionales más relevantes sobre el corazón y el sistema circulatorio. Estas adaptaciones irán encaminadas a aumentar su capacidad de transportar O2 a la musculatura en activo, tanto a través de un aumento del gasto cardíaco (adaptación central), como de la capacidad del lecho vascular para acoger la mayor cantidad de sangre circulante (adaptación periférica).

Los deportes y los entrenamientos dinámicos generan modificaciones cardíacas secundarias a sobrecargas de volumen. El mayor volumen diastólico puede llevar a un aumento de las miofibrillas en serie con aumento del tamaño de la cavidad. Esta dilatación del diámetro diastólico ventricular izquierdo facilita un volumen sistólico mayor con un acortamiento menor y pérdida inferior de energía por tensión y fricción.

La práctica habitual de ejercicios genera disminución de la frecuencia cardíaca en reposo y ante esfuerzos submáximos. Este efecto puede atribuirse a factores reflejos y a modificaciones en los estímulos del sistema nervioso autónomo. Existe un incremento del tono vagal en reposo con disminución de la influencia del sistema simpático y un nivel menor de catecolaminas circulantes.

El entrenamiento incrementa el tiempo en que se alcanza esa frecuencia máxima. La bradicardia sinusal de reposo y las frecuencias cardíacas más bajas ante esfuerzos submáximos son más frecuentes en los deportes que involucran amplias masas musculares y tienen predominio metabóico aeróbico. Estos efectos se suman al mayor volumen sistólico descripto para hacer más eficiente el corazón del deportista.

Por el contrario, los deportes con predominio del ejercicio estático o explosivo y una demanda energética fundamentalmente anaeróbica apenas producen modificaciones morfológicas o funcionales cardíacas.

Desde los años 60, los cambios encontrados en el electrocardiograma (ECG) del deportista han sido considerados como expresión de estas adaptaciones. Numerosas alteraciones electrocardiográficas, incluidas las taquiarritmias, han sido en alguna ocasión atribuidas a la práctica deportiva.

El entrenamiento o ejercicio físico continuado induce una serie de adaptaciones fisiológicas morfológicas y funcionales sobre el sistema cardiovascular, que pueden variar según la influencia de varios factores tanto constitucionales (superficie corporal, sexo, edad, y factores genéticos) como externos (intensidad, duración, y tipo de ejercicio).

Para equiparar el aumento de la tensión intramiocárdica, secundario al incremento del radio de la cavidad, se generan crecimientos proporcionales del espesor del septum y de la pared libre ventricular izquierda. Los ejercicios con mayor componente isométrico e incrementos constantes de la poscarga tienden a aumentar el espesor de la pared ventricular. De esta manera es posible compensar la tensión parietal aumentada por la mayor presión intraventricular.

Estudios recientes no encontraron diferencias en los espesores del septum y la pared posterior del ventrículo izquierdo entre atletas de alto rendimiento en fuerza y resistencia muscular e individuos controles. La mayoría de los deportes tienen componentes mixtos de entrenamiento, razón por la cual los cambios en el corazón del deportista también lo son.

 

TRASTORNOS DE LA FRECUENCIA CARDÍACA Y DEL RITMO

Es un hecho frecuente que los individuos que practican ejercicio físico de forma regular tengan frecuencias cardíacas más bajas que los sujetos sedentarios de la misma edad. Esta realidad, que se puede observar a todas las edades, ha quedado demostrada en algunos trabajos clásicos que, mediante registro electrocardiográfico ambulatorio, han observado cómo las frecuencias cardíacas (FC) máxima, media y mínima de deportistas jóvenes de alto nivel eran significativamente menores a las de los controles.

Strauzenberg también observó una tendencia, estadísticamente no significativa, a la disminución de los valores de FC basal, en un grupo de 69 varones de 63 ± 4 años de edad tras un programa de 12 semanas de entrenamiento. El grado de disminución de la FC en reposo depende de múltiples factores como la frecuencia intrínseca del nodo sinusal, el tono simpático propio del individuo y el incremento de actividad del sistema parasimpático.

 

Bradicardia sinusal

La bradicardia sinusal entre 40 y 60 lat/min es, sin ninguna duda, el trastorno del ritmo más frecuente en el individuo entrenado, pero su incidencia varía sensiblemente en función del tipo e intensidad del entrenamiento, con una prevalencia muy variable que oscila desde el 4-8% en la población no seleccionada hasta el 50-100% en deportes de resistencia aeróbica.

Aunque en los deportes predominantemente aeróbicos puede observarse una bradicardia sinusal entre 40 y 50 lat/min con relativa frecuencia, bradicardias inferiores a 40 lat/min son difíciles de encontrar incluso en atletas de fondo con alto nivel de entrenamiento.

El hecho de que la media de los valores de FC encontrados en los estudios realizados con atletas de ultrarresistencia oscile alrededor de 53 ± 10 lat/min demuestra que, incluso en deportes de alto componente dinámico, la bradicardia sinusal es moderada.

En el registro Holter de corredores veteranos de larga distancia es posible encontrar FC muy bajas, con episodios nocturnos de bradicardia sinusal extrema (< 35 lat/min). En éstos, es mucho más frecuente la presencia de pausas patológicas nocturnas y bloqueos auriculoventriculares de grado variable que, sin embargo, mantienen variaciones circadianas y desaparecen con el ejercicio como en los deportistas jóvenes. Estas diferencias se atribuyen a una disfunción del nodo sinusal y del nodo auriculoventricular, secundaria al propio envejecimiento y que se ve favorecida por el entrenamiento.

 

En el trazado podemos ver una bradicardia sinusal, con un eje predominantemente derecho, PR límite
 y los típicos voltajes hipertroficos junto a los cambios propios de la repolarización exagerada del ventriculo
   derecho y la morfología de Bloqueo incompleto de rama derecha

 

Arritmias sinusales y auriculares

En el 15-20% de los electrocardiogramas con bradicardia sinusal puede observarse una arritmia sinusal, de tipo respiratorio en los más jóvenes, y en la mayoría de los casos difícilmente encuadrable dentro de un tipo concreto de bloqueo sinoauricular. En el registro Holter de una serie de 169 deportistas (128 varones y 41 mujeres), hemos encontrado bloqueo sinoauricular de segundo grado tipo I en el 10,1% (13 casos) de los varones y en el 9,7% (4 casos) de las mujeres. Ninguno de ellos presentaba estos trastornos en el ECG de reposo.

Variación de la frecuencia cardíaca provocada por los movimientos respiratorios. Durante la inspiración
  se produce un aumento fisiológico de la frecuencia cardíaca, que disminuye durante la espiración

La presencia de marcapasos migratorio en la aurícula derecha es un hallazgo frecuente, cuya incidencia varía según la población estudiada, del 13,5-69% en deportistas hasta el 20% en la población general.

La incidencia de ritmos auriculares izquierdos es excepcional, pero hay algunos deportes como el buceo en apnea, que por sus especiales características, se asocian a arritmias auriculares en forma de extrasistolia auricular frecuente múltiple y extrasistolia ventricular de tipo bigeminado.

Sin embargo, la bradicardia sinusal sigue siendo la alteración del ritmo más frecuente en estos deportistas durante la ascensión, y el grado de la bradicardia está directamente relacionado con el número de inmersiones.

Las pausas sinusales se consideran, por lo general, un hallazgo frecuente en los deportistas.

Zehender considera que hasta un tercio de los deportistas presentan pausas superiores a 2 s, dato que concuerda con los hallazgos de Viitasalo, que las encontró en el 37,1% de sus 35 deportistas estudiados. Sin embargo, estas cifras no pueden ser extrapoladas a cualquier población de deportistas aunque sean de alto nivel, siendo la incidencia de pausas superiores a 2 s baja y similar a la encontrada en la población general. La génesis y el significado de estas alteraciones del ritmo son similares a los de la bradicardia sinusal, y se atribuyen, por tanto, a un aumento del tono vagal.

Aunque la bradicardia sinusal es un signo de adaptación aeróbica, no implica que necesariamente los deportistas que la presenten tengan volúmenes ventriculares aumentados. De hecho, es posible encontrar deportistas con FC de reposo entre 45 y 50 lat/min y dimensiones diastólicas ventriculares izquierdas no aumentadas, debiéndose en estos casos a factores dependientes del tono vagal individual, que condicionan la magnitud de respuesta al entrenamiento.

 

TRASTORNOS DE LA CONDUCCIÓN

 

Auricular

Aunque el entrenamiento no produce grandes cambios en la morfología, duración y voltaje de la onda P, se pueden encontrar ondas P melladas con una duración alargada, que se consideran secundarias a un trastorno en la conducción interauricular propio de una hipervagotonía, con una incidencia del 2% en la población deportiva general. Estos cambios no se correlacionan con las dimensiones auriculares por ecocardiografía.

 

Ventricular

Un hallazgo habitual en el ECG del deportista es la presencia de un trastorno en la conducción intraventricular, en forma de melladuras y muescas en la rama ascendente de la R, en derivaciones de cara inferior y en V1-V2, que puede asociarse con un ligero incremento de la anchura del QRS.

Estos hallazgos se atribuyen a un retraso en la despolarización ventricular secundario al aumento de masa ventricular. Sin embargo, no es muy común encontrar bloqueos fasciculares ni tronculares, y el bloqueo incompleto de rama derecha es el más frecuente. La prevalencia de este último puede depender en gran medida de la población estudiada, y puede encontrarse alrededor del 14% en la población deportiva general, que es similar a lo encontrado en la población general (10%).

En algunos estudios realizados en deportistas de resistencia aeróbica llega a ser del 50%, aunque este porcentaje es extremadamente alto comparado con el encontrado en deportistas de ultrarresistencia (4%) por Douglas et al.

Esta gran disparidad de resultados se basa en diferencias metodológicas fundamentadas en la diferente población estudiada y, por supuesto, en la rigidez de los criterios diagnósticos. Aunque sin que se haya podido establecer una correlación lineal, este retraso en la conducción por la rama derecha se ha relacionado con un incremento de tamaño de la cavidad ventricular derecha secundario a un mayor retorno venoso, que es un hallazgo muy frecuente en deportes de resistencia aeróbica.

El hallazgo de bloqueos completos de rama derecha y de rama izquierda es excepcional.

 

Auriculoventricular

Aunque el intervalo PR puede estar alargado en relación con la hipertonía vagal, la aparición de bloqueos auriculoventriculares de primer y/o segundo grado tipo I depende en gran medida de la susceptibilidad individual del deportista. Si consideramos al total de la población de deportistas, el PR se mantiene dentro del rango de normalidad. En deportes con predominio del entrenamiento de tipo aeróbico es frecuente encontrar un intervalo PR en el límite alto de la normalidad.

Dependiendo de la población estudiada, la incidencia del bloqueo auriculoventricular de primer grado puede llegar hasta a un 6-7%, valor muy superior al encontrado en la población general. La incidencia de bloqueo auriculoventricular mediante Holter en los estudios clásicos de Palatini, Talan y Viitasalo, oscila entre el 27,5 y el 40% para el de primer grado, y el 15 y el 22% para el de segundo grado tipo I, frente al 5 y al 2,5%, respectivamente, de los grupos controles.

Únicamente Viitasalo encontró bloqueo auriculoventricular de segundo grado tipo II en el 8,6% de sus deportistas. En ninguno de estos tres trabajos aparecieron deportistas con bloqueo auriculoventricular de tercer grado. En su revisión, Zehender encuentra una incidencia de bloqueo auriculoventricular de primer grado entre el 10 y el 33%. Mientras que Nakamato encuentra hasta un 10% de incidencia de bloqueo auriculoventricular de segundo grado en el ECG de reposo de 25 corredores de maratón, Myetes et al sólo encuentran un 2,4% en un total de 126 corredores de larga distancia.

Sin embargo, en la población de deportistas estudiados mediante Holter, la incidencia de bloqueo auriculoventricular de primer grado asciende hasta el 7,8% en los varones y el 7,3% en las mujeres.

El bloqueo auriculoventricular de segundo grado tipo I aparece en el 5,5% de los varones y en el 9,7% de las mujeres, siendo la incidencia del bloqueo auriculoventricular de segundo grado tipo II del 3,1% en los varones y nula en las mujeres, lo que supone una incidencia similar a la encontrada en adultos jóvenes.

Como puede apreciarse en la casi totalidad de los estudios, la aparición de bloqueos auriculoventriculares de segundo grado avanzado y de tercer grado es excepcional. Por tanto, ante un bloqueo de este tipo siempre hay que realizar una minuciosa evaluación clínica y descartar la presencia de cardiopatía orgánica de base.

En resumen, las bradiarritmias por hipertonía vagal pueden considerarse parafisiológicas, están favorecidas por el entrenamiento continuado y suelen ser asintomáticas. De forma característica pueden abolirse con atropina, desaparecen tras hiperventilación y con el inicio del ejercicio, y habitualmente disminuyen con el desentrenamiento.

 

MODIFICACIONES EN EL VOLTAJE

 

Onda P

La amplitud de la onda P puede ser mayor en los deportistas que en los sujetos sedentarios; este hallazgo es más frecuente cuanto mayor sea la edad de los deportistas estudiados. No obstante, esta onda sufre pocas modificaciones, por lo que ante grandes anomalías siempre debe descartarse una cardiopatía subyacente.

Complejo QRS

Un QRS de alto voltaje en las derivaciones precordiales es un hallazgo bastante frecuente. Considerado como un signo de crecimiento ventricular en el pasado, la correlación entre los dos hallazgos oscila entre el 8-9% y el 76-90% según los trabajos analizados. Ello se debe a la heterogeneidad de los casos analizados y a los criterios utilizados, por lo que es posible encontrar desde una alta prevalencia de hipertrofia ventricular izquierda (HVI) en corredores de velocidad y futbolistas, hasta tratarse de un hallazgo infrecuente en mujeres deportistas.

De hecho, tanto en las deportistas de velocidad como en las de resistencia, el hallazgo de signos electrocardiográficos de HVI por criterios de voltaje y de no voltaje resulta infrecuente. Si bien es posible que la amplitud del QRS sea mayor en todas las derivaciones, las diferencias con respecto a los controles no son significativas. Además, la puntuación de Romhilt-Estes en las mujeres resulta no discriminativa.

En contra de la creencia general que presupone un elevado porcentaje de HVI en los deportistas, tanto la presencia de criterios electrocardiográficos como la demostración por ecocardiografía son poco frecuentes.

Sólo un 12% de los deportistas de elite españoles presentan signos de HVI por criterios de voltaje en el ECG basal. Al separar a los varones y a las mujeres, la proporción es de un 17 y un 2,4%, respectivamente. Sólo un 6,27% del global, un 7,35% de los varones y un 2,55% de las mujeres de esta misma población presentan HVI en la ecocardiografía.

Si agrupamos los deportes en relación con su componente dinámico y estático según la clasificación de Mitchell 22, podemos establecer 9 subgrupos que engloban desde deportes con bajo componente dinámico y estático (IA) y muy baja demanda cardiovascular, hasta deportes con gran componente dinámico y estático (IIIC) y muy alta demanda cardiovascular.

Los mayores porcentajes de HVI se producen en los deportes de alto componente dinámico (29%), frente al 12,3 y al 5,4% en los deportes de moderado y bajo componente dinámico. Los duatletas son los deportistas que con mayor frecuencia, casi un 82% de los casos, presentan HVI en el ECG. La halterofilia, con sólo un 4%, es el deporte en el que la probabilidad de encontrar HVI es más baja.

La probabilidad de encontrar criterios electro y/o ecocardiográficos (índice de masa del ventrículo izquierdo superior a 110 g/m 2) de HVI es considerablemente más baja en las mujeres. De hecho, Boraita et al sólo han encontrado criterios electrocardiográficos de HVI en 5 especialidades deportivas: atletismo, baloncesto, ciclismo, gimnasia artística y triatlón.

Cuando se intenta establecer la relación entre los criterios convencionales de voltaje, a los deportistas del sexo masculino tanto en derivaciones precordiales como en las de los miembros, y la masa ventricular izquierda medida por ecocardiografía en modo M y calculada según la fórmula corregida de Devereux et, la correlación encontrada es baja.

La suma de SV2 + RV5 resulta ser el más fiable de los criterios de voltaje, al demostrar una correlación de 0,49, una sensibilidad y especificidad elevadas de alrededor del 80% y un valor predictivo positivo del 41%, con un valor predictivo negativo del 96,5%. Sin embargo, en las deportistas del sexo femenino no se encuentra ninguna correlación.

Estos hallazgos son similares a los encontrados en otros trabajos. En un estudio comparativo con 30 deportistas de elite, 30 deportistas estudiantes y 30 individuos de una población sedentaria de la misma edad, mitad varones y mitad mujeres, Bjornstad et al, encontraron que los índices de voltaje eran mayores en los deportistas que en los estudiantes y sedentarios de la misma edad, aunque las diferencias no llegaron a ser estadísticamente significativas.

Además, encontraron una correlación positiva de SV1 + RV5-V6 o SV1-V2 + RV6, máxima elevación del ST y amplitud de la onda T en precordiales, con las dimensiones del VI por ECO; las mejores correlaciones fueron las encontradas entre la masa del ventrículo izquierdo y el índice de Sokolow (r = 0,41), por un lado, y la elevación del segmento ST (r = 0,61), por otro. Sin embargo, al estudiar a los varones y a las mujeres por separado, las correlaciones no resultaron ser significativas.

Douglas et al estudiaron a 44 atletas de ultrarresistencia, 29 varones y 15 mujeres, sin encontrar correlación significativa (r < 0,4) entre los criterios electrocardiográficos de voltaje y los espesores parietales, dimensiones y masa del ventrículo izquierdo.

Entre los criterios de HVI, el índice de Sokolow fue el criterio de voltaje que mejor sensibilidad y especificidad presentó (65 y 61%). Tanto el sistema de puntuación de Romhilt-Estes como los criterios de Cornell presentan una muy baja sensibilidad (16 y 8%), aunque una elevada especificidad (84 y 95%). Tampoco encontraron correlación entre la HVI por ECO y la duración e intensidad del entrenamiento.

Por tanto, se puede concluir que los criterios electrocardiográficos de HVI son poco sensibles, muy específicos y presentan una pobre correlación con la HVI por ecocardiografía.

 

TRASTORNOS DE LA REPOLARIZACIÓN

El patrón de repolarización precoz es el típico del deportista. Boraita et al lo ha encontrado en el 59,6% de un total de 1.964 ECG basales (915 varones y 256 mujeres), asociado habitualmente con ondas T negativas en V1 y ondas U prominentes en derivaciones precordiales.

La presencia de ondas T vagotónicas aisladas, sin repolarización precoz, aparece en el 14,7% de los casos (263 varones y 25 mujeres). Las ondas U son especialmente frecuentes en las derivaciones precordiales (V2-V4) y aparecen habitualmente asociadas a bradicardia sinusal.

Persistencia de patrón juvenil: Puede presentarse en mujeres y en sujetos jóvenes ondas T negativas en precordiales derechas, de V1 a V3.
Ocasionalmente también en la derivación III

Aunque el QT corregido para la frecuencia cardíaca se mantiene en el rango de normalidad, ocasionalmente y coincidiendo con alteraciones hidroelectrolíticas puede estar alargado.

En atletas de grandes distancias y de forma excepcional, pueden aparecer ondas T negativas asimétricas y profundas en precordiales derechas, que llegan incluso hasta V4, que se relacionan con una adaptación de tipo aeróbico en la que la vagotonía es responsable de una heterogeneidad en el potencial de acción.

Repolarización precoz: Ascenso del punto J y del segmento ST en una o diversas derivaciones precordiales (de 1 o 2 mm),
 sin relevancia clínica. Frecuente en hombres jóvenes, deportistas, y comúnmente asociada a bradicardia sinusal (vagotonía).
 No implica patología. Es causa inocente de elevación del segmento ST

Aunque habitualmente estos cambios en la repolarización se modifican con la hiperventilación y desaparecen con el esfuerzo, siempre hay que descartar la existencia de una miocardiopatía, para lo que resulta obligada la realización de un ecocardiograma.

 

ARRITMIAS POR AUMENTO DE LA EXCITABILIDAD Y TAQUIARRITMIAS

Las arritmias por aumento del automatismo y las taquiarritmias en el deportista de competición son escasas y generalmente benignas. Es probable que el predominio del tono vagal sea el responsable no sólo de la inhibición de los marcapasos fisiológicos sino también de los focos ectópicos.

El deporte no es un factor arritmógeno y no predispone a padecer arritmias ventriculares malignas, por lo que no existen diferencias significativas en la prevalencia de dichas arritmias con respecto a la población general.

Las taquiarritmias supraventriculares son escasas en la población de deportistas de alto rendimiento, lo que nos lleva a pensar que además de la posible existencia de un proceso de selección natural que impida que los deportistas que las presenten lleguen a la elite por ser excluidos en épocas tempranas de la competición, el entrenamiento pueda inducir una mayor estabilidad eléctrica tanto auricular como ventricular.

Aun siendo de carácter benigno, las taquicardias paroxísticas supraventriculares pueden ser peligrosas si aparecen asociadas a determinados factores agravantes como la presencia de defectos orgánicos estructurales, miocardiopatías y alteraciones vegetativas constitucionales o secundarias a condiciones ambientales desfavorables. De cara a conceder la aptitud para la competición a un deportista con una arritmia de este tipo, es necesario descartar la presencia de una cardiopatía orgánica de base y valorar la respuesta hemodinámica individual.

 

Referencias:

  • Araceli Boraita Péreza, Luis Serratosa Fernández. «El corazón del deportista»: hallazgos electrocardiográficos más frecuentes. Rev Esp Cardiol. 1998;51:356-68. - Vol. 51 Núm.5

  • Luis Serratosa Fernández. Adaptaciones Cardiovasculares del Deportista: http://www.fac.org.ar/scvc/llave/PDF/serratoe.PDF

  • Roberto M. Peidro. EL CORAZON DEL DEPORTISTA. http://style.shockvisual.net/?p=1639

  • Ángel Castellanos Rodríguez y José M.ª Lobos Bejarano. Variantes de la normalidad. http://www.amf-semfyc.com/web/article_ver.php?id=1077

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Dr. Rigoberto J. Marcano Pasquier

Medicina Interna
 
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Nivel C3. Consultorio 2.
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Última actualización: abril 11, 2015

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